Estos fierros me recuerdan la bella infancia cuando con familia llegábamos temprano a uno de sus andenes a esperar el Rápido de la Frontera que nos llevaría hasta Temuco.
Llegaba y cuan niño intrépido saltaba al carro para tomar la mejor ubicación de ese vagón que llegaría al día siguiente para comenzar las siempre inolvidables vacaciones.
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